Cuando un libro se convierte en encuentro
Las páginas de Remolino Recreativo comenzaron su propio viaje, uno que no termina en la tinta ni en el papel, sino que se multiplica en cada presentación.
Cada encuentro fue único: miradas curiosas, preguntas inesperadas, risas compartidas y silencios atentos. Lo que nació como un libro se transformó en un espacio de comunidad, donde las palabras tejieron puentes entre quienes escriben y quienes leen.
El escritor no solo compartió anécdotas y reflexiones, sino también la emoción de ver cómo su
obra encontraba un lugar en cada persona presente. Uno de los momentos más esperados fue la firma de ejemplares. Allí, cada dedicatoria se convirtió en un gesto íntimo, un recuerdo que acompañará a los lectores más allá del evento.
Las fotos de las presentaciones son testimonio de esa energía: la calidez de los saludos, la emoción en los rostros, la alegría de sentir que la literatura no es un hecho solitario, sino un acto colectivo.
Remolino Recreativo sigue girando, como su nombre lo anuncia, y cada presentación suma una nueva vuelta, un nuevo impulso, un nuevo lazo. Porque los libros no terminan en el punto final: empiezan a vivir cuando son compartidos



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